Romualdo Brito murió en estrepitoso accidente de tránsito

"A este músico que vivía en Valledupar, le quedan más de 400 canciones sin grabar"

De Milton Jr

20 noviembre, 2020

«El compositor de canciones como ‘Mi presidio’ y ‘Muchachita’, el guajiro Romualdo Brito,  falleció en la mañana de éste viernes en el corregimiento de San Roque, municipio de Curumaní, Cesar, cuando la camioneta en que se desplazaba se estrelló contra un árbol.

Brito viajaba en la camioneta de placas color blanco, que al parecer cayó a una profunda cuneta luego del golpe contra un árbol. Según se conoció viajaba a la capital del país.

Brito, viajaba con su hijo y su cuñado, quienes están vivos aunque sufrieron fracturas y golpes en el cuerpo.

Compuso más de mil canciones, las cuales fueron grabadas entre otros por cantantes como Diomedes Díaz, Poncho Zuleta, Jorge Oñate, El Binomio de Oro, Silvestre Dangond. Colprensa».

«Romualdo Brito (1953) es treintero. Significa que nació en un corregimiento de la Guajira, que, según él, no está en el mapa, llamado Treinta Tomarrazón.

«Es un corregimiento al sur de Riohacha –cuenta el compositor vallenato– donde una vez instalaron un punto de comunicación entre el interior y la Costa. Lo custodiaban 30 soldados, que eran reemplazados cada semana. Se iban para Riohacha en mula. No había carretera y la gente no sabía escribir. Así que les mandaban razones a los parientes con los 30 soldados y los campesinos de allá respondían igual. Por eso, terminó llamándose así».

Y no le gustaba el vallenato. De niño prefería las rancheras. A los 17 años, hizo la primera canción y antes de un mes, Lisandro Meza ya la había grabado: era El dios cantor, dedicada a Leandro Díaz, el autor de Matilde Lina.

«Lisandro y mi papá eran primos y parrandeaban juntos –recuerda Brito–. En esa época los compositores hacían «cantores» de todos lados (El cantor de Valencia, El cantor de Fonseca, etc) y me dije: «No voy a hacer eso, voy a hacerle una canción al tío Leandro para indicar que es el «dios» de los cantores. Desde ahí, me grabaron todas las locuras que se me han ocurrido».

¿Locuras?

«Sí, como El santo cachón (grabada por Los Embajadores Vallenatos en los 90). Que no pensé que fuera a gustarle a nadie. Yo tenía pena con los amigos. Me llamaban a la casa. Me insultaban. Las mujeres estaban ofendidas por el mensaje. Después, se fue olvidando. Afortunadamente el éxito pasó rápido. No hubiera querido que esa canción pegara».

Mil canciones son mil anécdotas. Amor apasionado era para Jorge Oñate, rechazada por él y convertida en éxito por Los Hermanos Zuleta. Llegó tu marido era para El Binomio de Oro, que no la grabó y fue hit de Oñate. Cabecita loca, grabada por Poncho fue pensada inicialmente para el grupo de Israel Romero. Compuso Esposa mía, grabada por Otto Serge y Rafael Ricardo, un mes después de haberse casado. «Gracias a Dios fue un éxito –afirma–. Sirvió para que mucho enamorado se reconciliara con su pareja». Le sirvió también a él, su esposa sigue a su lado y tienen tres hijos, la menor, de 8 años, lleva el nombre de la tierra que tanto ama: Alma Guajira.

A Brito le han robado canciones. En sus comienzos, hubo intérpretes que se apropiaban de sus inspiraciones: «Me ponía furioso, pataleaba y todo –dice–. Pero ellos arreglaban con mi papá. Como la mayoría de edad era a los 21 años, mi papá me firmaba las canciones y me representaba. Pero él arreglaba todo en las parrandas y de nada me valía protestar».

Sin embargo, Brito no se conformó. Aprendió sobre derechos autorales. Ha sido directivo de Sayco (Sociedad de Autores y Compositores de Colombia), asociación de la que fue presidente.

«Antes, ser compositor era algo importante, te veían como si Dios te hubiera dado una virtud más. Ahora, cualquiera es autor en Colombia. Se roba un pedazo de melodía de acá, y otro de allá. Para que algo sea plagio, la ley establece que debe coincidir en ocho compases, así que se roban seis del uno y seis del otro y sacan la canción tranquilos», agrega.

A este músico que vivía en Valledupar, le quedan más de 400 canciones sin grabar. Sin embargo hay una que canta en las parrandas y, aunque el público la pide, no la deja grabar. «Se llama Jesucristo no probó –explica–-. No la grabo por respeto y temor a Dios. Siempre me pregunto por qué la hice y no he encontrado explicación».

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